Se
acerca la Navidad y con ella las calles se alumbran con iluminación especial,
las casas se decoran con abetos engalanados y belenes, los escaparates se
llenan de regalos y la televisión aburre a las piedras con anuncios de colonia
y telemaratones. A todo esto se suman los personajes típicos de las fechas: los
Reyes Magos, Santa Claus, elfos, la Befana, el reno Rudolph, etc.
Para
compensar el subidón de azúcar, el escritor estadounidense Theodor Seuss
Geisell creó el Grinch, un ser verde y peludo de carácter huraño y gruñón (eso
significa la palabra de la que deriva su nombre, grouchy) que apareció en un
cuento literario titulado ¡How The Grinch Stole Christmas! (¡Cómo el Grinch
robó la Navidad!). Esta obra, publicada en 1957, alcanzó una gran popularidad
nueve años después al ser adaptada para la televisión en forma de dibujos
animados y, más recientemente, en una película de Ron Howard con el
gesticulante Jim Carrey de protagonista.
El Grinch es considerado un símbolo de la Navidad, como una parodia de lo que el moderno mercantilismo de la fiesta produce. El personaje hace referencia al consumismo predominante y la preocupación sólo por sí mismo, alejado completamente del mundo donde viven las personas, al final su corazón vuelve a latir dejando de lado su odio, convirtiéndose en el icono de la navidad.
El Grinch es considerado un símbolo de la Navidad, como una parodia de lo que el moderno mercantilismo de la fiesta produce. El personaje hace referencia al consumismo predominante y la preocupación sólo por sí mismo, alejado completamente del mundo donde viven las personas, al final su corazón vuelve a latir dejando de lado su odio, convirtiéndose en el icono de la navidad.

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